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La izquierda en Améria Latina y Europa : nuevos procesos, nuevos dilemas
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ba de su continua orientación«progresista«). Cada vez más, la derecha se hace eco de este estado de ánimo: en su exitosa campaña elec­toral, Nicolás Sarkozy dedicó mucho tiempo al «ajuste de cuentas« con la Generación del 68. Como resultado de estos problemas y con­tradicciones, en la actualidad los partidos de centroizquierda de muchos países de Euro­pa occidental se encuentran distanciados de una parte substancial de su electorado tradi­cional. 12 Justamente es con los sectores más humildes y»populares« de la sociedad con los cuales estos partidos ya no saben comunicar­se ni relacionarse culturalmente: no hablan su idioma ni comparten sus preocupaciones y problemas. En las zonas desfavorecidas de muchas ciudades europeas, las fuerzas polí­ticas de centroizquierda practicamente ya no cuentan con organización ni infraestructura partidaria. Este vacío está siendo ocupado por los nuevos movimientos populistas de de­recha, que cada vez más son utilizados por los grupos populares y marginales como un vehí­culo para manifestar su frustración y que son percibidos como fuerzas dispuestas a ocupar­se de aquellos problemas cotidianos que los partidos mayoritarios –sobre todo de izquier­da– no quieren ver. 13 Los partidos de centroizquierda no encuen­tran respuestas a la pérdida de credibilidad de su discurso tecnocrático, el cual ha minimiza­do el potencial emancipador de la política y ofrecido solo una adaptación sin alternativas a la realidad«posmoderna» en lo económico, social y cultural. En este contexto, una investi­gación de la Fundación Jean Jaurès, cercana al Partido Socialista francés, sobre las con­diciones de vida de los«sectores populares» en Francia, cita a un habitante de una ban­lieue francesa:«no somos nosotros quienes nos vemos vuelto apolíticos; son los políticos quienes le han dado la espalda a la política». Por primera vez en décadas, se vislumbra el quiebre de la alianza social estratégica entre la clase baja y la clase media baja a partir de la cual los partidos progresistas de Europa se convirtieron en mayoritarios. Se necesita un nuevo proyecto Ante esta situación, la centroizquierda se ve obligada a formular un nuevo proyecto políti­co–ideológico capaz de conquistar a las ma­yorías. Para ello deberá desembarazarse del economicismo cerrado de la«tercera vía«, sin abandonar la apelación estratégica al centro de la sociedad. No puede haber un repliegue a los conceptos de los setenta y ochenta. Por el contrario, se necesita un discurso político que no sólo interprete correctamente las am­biciones de la población –éste fue uno de los puntos fuertes del proyecto tecnocrático refor­mista que no se debería abandonar–, sino tam­bién que se ajuste a sus crecientes temores en un mundo cada vez menos previsible. 14 Debe poner fin a la estigmatización de determinados grupos de la sociedad(«perdedores de la mo­dernización»,«conservadores del statu quo») y reconocer que, para muchas personas, los últimos años han dejado un saldo negativo en términos económicos y sociales. Al mismo tiempo, será ineludible que la izquier­da deje de lado algunos tabúes ideológicos, sobre todo en relación a la cuestión de la inmi­gración. En este tema, más que en cualquier otro, la izquierda se ha negado a enfrentar las 12 Werner A. Perger,«Die Lage der Progressiven in Europa», en Berliner Republik, No.3/2007, págs. 52–61. 13 Véase Jörg Flecker(ed.), Changing working life and the appeal of the extrem right, Ashgate, Aldershot, 2007 y Philippe Gui­bert/Alain Mergier, Le decenseur social Enquete sur les milieux populaires, Fondation Jean–Jaurès/PLON, Paris 2007. Una encuesta del Partido Laborista entre simpatizantes del British National Party(BNP) acerca de los términos asociados al BNP arrojó un resultado deprimente para los laboristas:«libertad de espresión» y«trato justo» fueron los términos con los que se asoció al BNP en los distritos electorales tradicionalmente laboristas. 14 Vgl. Sennett, Richard, The Culture of the New Capitalism, Londres 2006, sobre todo Cap. 2,«Talent and the spectre of useles­sness», págs. 83–130. 10