bierno. En este sentido, él podría adueñarse del beneficio que le corresponde a su fracción en la medida que estos parlamentarios le prestan por lo general apoyo incondicional. Claro está, sin ser líder de fracción también podría recibir parte del beneficio en función de algún otro acuerdo de distribución que no tuviera como criterio el aporte parlamentario. Sin embargo, la comparación de una y otra situación muestra que la obtención del beneficio es mucho más simple en la primera que en la segunda circunstancia. La negociación con los«otros» Estos posibles dilemas se ven potenciados en la medida en que el partido no cuente de por sí con la mayoría absoluta en el parlamento. La negociación con fracciones de otros partidos o directamente con otros partidos, encierra mayores complicaciones aún. La primera radica en la posibilidad efectiva de encontrar interlocutores, en otras palabras, líderes o dirigentes que se sienten a negociar la conformación de una coalición. En segundo lugar, estos partidos o fracciones deberían tener necesariamente una cierta afinidad ideológica, es decir, que entre el partido del Presidente y el posible socio no existiera otro partido o fracción que ocupe una posición ideológica más cercana. Esto último, sin embargo, no implica la certeza de que no se pueda negociar gobierno con una buena y saludable dosis de pragmatismo con partidos más alejados en clave ideológica. Tampoco inhibe la posibilidad inversa, que los acuerdos se vean obstaculizados por trabas políticas que no se correspondan de modo coherente con cercanías o lejanías de tipo ideológico. Un posible vínculo de un EP–FA gobernante con el herrerismo y con el Foro Batllista ilustran con claridad esas eventualidades. Por último, queda también el problema de construir el propio acuerdo tanto a nivel de políticas como de cargos. La necesidad de negociar con otros partidos y fracciones incide también en la negociación dentro del partido en la medida en que se restringen los márgenes de maniobra hacia adentro. Si se debe sumar una fracción de otro partido a la distribución de cargos y de políticas, estos recursos no estarán disponibles para la negociación interna. Sin embargo, el primer y segundo problema parecen ser los más significativos en el escenario político–partidario uruguayo. El aumento de la fraccionalización parlamentaria del EP–FA, contrasta con la situación que se ha registrado dentro de los partidos tradicionales. Tanto dentro del Partido Colorado como dentro del Partido Nacional parece consolidarse una estructura bifraccional. En el Partido Nacional también se ha producido un desbalance a favor de la fracción del candidato presidencial(en el caso de 1999, la fracción de Luis A. Lacalle). En consecuencia, esto restringe bastante las posibilidades de encontrar interlocutores que habiliten la formación de coaliciones con el EP–FA. No es descabellado pensar en un escenario futuro en que dentro del Partido Colorado la bancada de la lista 15 se vea fuertemente reducida y el Foro Batllista vuelva a ser la columna del partido; al mismo tiempo, si bien en el Partido Nacional el panorama no es tan claro, la fracción del próximo candidato común –que podría ser herrerista– tendrá una incidencia mayor, como lo tuvo ese sector en este período. En consecuencia, en la medida en que no sólo debe existir la disposición por parte del partido del Presidente a alcanzar un gobierno de coalición, sino que deben existir contrapartes dispuestas; la estructura fraccional de los partidos tradicionales y la distribución ideológica de sus agentes principales, no augura un terreno simple para la búsqueda de acuerdos. Tanto con mayoría absoluta en el parlamento como sin ella, parece afirmarse la idea de que el panorama político–institucional del próximo gobierno puede no ser nada sencillo. En este sentido, cobra relevancia la forma en que se estructuren las relaciones entre gobierno y oposición y –como se trabaja en otra sección de este documento– entre gobierno y partido y gobierno y sociedad. En consecuencia, el eje de formación de gobierno se ve cruzado en su núcleo por el de la construcción de un estilo de gobierno. Si bien no se puede desconocer que en la democracia la regla de la mayoría es la que per9
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La izquierda uruguaya y la hipótesis del gobierno : algunos desafıós polıt́ico-institucionales
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