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La izquierda uruguaya y la hipótesis del gobierno : algunos desafıós polıt́ico-institucionales
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de la prestación de políticas sociales y que por tanto posee intereses que deberán ser tenidos en cuenta en un eventual proceso de reforma del sistema de políticas sociales. Por sus pro­pias características, este sector también posee bajos niveles de articulación y coordinación, lo que también incrementa la dificultad de nego­ciar dichas reformas. En síntesis, las transformaciones estructurales que han tenido lugar en nuestro país, introdu­cen grados crecientes de dificultad al momento de pensar en instancias de concertación social (como los Consejos de Salarios), con capaci­dad efectiva de convocar, moderar y represen­tar eficazmente las demandas de actores socia­les crecientemente fragmentados y cuyos inte­reses se encuentran progresivamente contra­puestos. Recientemente se ha planteado por parte del FA la posibilidad de instrumentar el Consejo Económico Nacional como una instan­cia institucional capaz de coordinar políticas de concertación social entre distintos sectores de la sociedad civil y el estado. En este sentido, el Consejo de Desarrollo Social instrumentado por el PT en Brasil, constituye un antecedente signi­ficativo. La Concertación de Partidos por la De­mocracia en Chile, también ha desarrollado con éxito procesos de negociación entre empresa­rios, sindicatos, ONGs y el sector académico. No obstante, parece razonable sostener que las transformaciones discutidas en esta sección, desafían y en algunos casos pueden llegar a comprometer la capacidad de generar(y soste­ner durante el período de gobierno) acuerdos sociales amplios con capacidad de convocar y representar a los distintos sectores sociales, sustento sin duda indispensable en la perspec­tiva de un gobierno de corte progresista. La transformación de las bases sociales del FA y sus implicaciones para un gobierno progresista En el caso uruguayo, la presencia y el perfilamiento del FA como alternativa de gobier­no, ha operado como«válvula de escape» para el sistema de partidos, contribuyendo a mode­rar los procesos de reforma y conteniendo, a 28 su vez, el descontento social de forma funcio­nal al sistema. Sin embargo, al cumplir con esta función, el FA y sus bases sociales se han trans­formado. Dicha transformación, en el marco de las condicionantes anotadas brevemente aquí, introduce importantes contradicciones que po­tencialmente podrían manifestarse en el trans­curso de un gobierno progresista. En este contexto, el rol consistentemente oposi­tor del FA en el marco de los intentos reformistas realizados por los partidos tradicionales y la cri­sis social de los últimos años, ha facilitado un conjunto de procesos que resultan sumamente relevantes al momento de analizar la configura­ción de expectativas que enfrentará un eventual gobierno del FA. En primer lugar, mediante su acción opositora el FA ha logrado asociar el des­contento de la población a las políticas reformistas llevadas adelante por el gobierno. En segundo lugar, el FA ha crecido significa­tivamente en términos electorales, convocando a un grupo amplio de adherentes, al colocarse a la defensa de la matriz batllista. Como corolario de ambos factores, el FA se nutre crecientemente de sectores fuertemente descontentos con el estado de cosas actual y orientados ideológica­mente hacia la recomposición de la matriz batllista. Sin embargo, la propia transformación de dicha matriz y los cambios operados en el contexto internacional y nacional, vuelven invia­ble dicha recomposición. A su vez, la descom­posición asimétrica de los distintos componen­tes del modelo sustitutivo, genera la emergen­cia de múltiples grupos con grados diferentes de institucionalización organizacional y con in­tereses enfrentados. Todos estos grupos, sin embargo, integran el electorado del FA. La falta de penetración organizacional en los grupos que fueron progresivamente expulsados del triángulo sustitutivo y la incapacidad de satisfacer rápida­mente sus expectativas(en virtud del acotamien­to de los márgenes de maniobra y de la influen­cia de los sectores que están organizados), incrementa la probabilidad de que el gobierno deba enfrentar un rápido proceso de desencan­to en dichos sectores. Por tanto, aunque la ac­ción opositora del FA ha sostenido y facilitado su crecimiento electoral, también resulta funcio­nal a una configuración de demandas y expec-