cias de los excluidos(las fracciones menores y los representantes de las«bases» del FA). En este sentido, debería asumirse y evaluarse, en términos de costos decisionales, la tensión, intrínseca a todo proceso decisorio, entre la legitimidad que emerge de la inclusión del mayor número posible de actores y los requerimientos de ejecutividad propios de la acción gubernativa. Del Frente Amplio al Encuentro Progresista y la Nueva Mayoría Todo esto se complejiza aún más dada la secuencia FA–EP–NM que necesariamente deberá recorrerse en el proceso de toma de decisiones. En este sentido, no será un dato inocuo cuál sea el orden de esa secuencia: decisión en la interna del FA y luego negociación a nivel de EP y NM o a la inversa. En cada caso, los problemas y los resultados serán distintos. Ello hace recomendable considerar la conveniencia de diseñar mecanismos institucionales para zanjar la cuestión o dejarlo librado al trámite de cada caso. Para ilustrar este dilema con casos concretos, pueden plantearse algunas situaciones previsibles desde una perspectiva de acceso eventual a la titularidad del gobierno nacional: ¿Qué secuencia se seguirá para designar el Gabinete? ¿Quién, cómo lo hará? ¿Qué criterios o cuotas se utilizarán?. Dicho más crudamente, ¿cuál es el primer ámbito de asignación de ministerios? Y este mismo caso deberá repetirse para ocupar la vasta red de cargos de confianza en la Administración Pública. Es claro que, como se dijo, la secuencia, el orden de los ámbitos en que se toman este y otro tipo de decisiones no resulta nunca inocua. Produce efectos. Si se diseñasen mecanismos institucionales que predeterminaran esa secuencia, de cualquier forma debería preverse qué mecanismos habrían de utilizarse para obtener legitimidad ante la estructura del FA en uno u en otro orden de preferencias. Estas secuencias(dependiendo de eventuales mecanismos de ponderación) generarían desproporcionalidad para uno u otro lado, todo lo cual podría reforzar la conveniencia de centrar la relación partidaria en la bancada parlamentaria o en el equipo gobierno. De modo adicional deberá lidiarse con el siguiente problema: el gobierno y la Administración Pública van a absorber buena parte de los cuadros políticos del FA. Esto provocará un vaciamiento de su estructura en los niveles de dirección intermedia y superior y el acceso a los mismos de otra generación de cuadros probablemente con menor experiencia y formación. Ello puede producir una saludable renovación pero, a su vez, puede también ocasionar dos efectos no necesariamente positivos: que el nivel y la capacidad de dirección del FA se devalúe y por tanto la Presidencia tenga incentivos para reducir su nivel de relación y consulta; y que se configure un escenario propicio para el distanciamiento crítico del FA respecto a la conducción del gobierno. De cualquier forma, este relativo distanciamiento, en particular a medida que transcurre el período de gobierno, es un elemento muy difícilmente evitable. La experiencia internacional acumulada muestra que los miembros de los partidos tienden a sostener posturas que consideran más fieles a los principios de su organización y se sienten defraudados por los posicionamientos de sus dirigentes que, en la gestión gubernativa, necesariamente deben ingresar en negociaciones, acuerdos y concesiones, las que tienden a ser visualizadas negativamente por la militancia partidaria. Por su parte, el tipo de liderazgo que se construya o que se consolide(siempre en caso hipotético de obtenerla) desde el ejercicio de la Presidencia de la República no resulta ajeno a esta problemática que venimos analizando. Vázquez ha desarrollado un estilo de liderazgo partidario menos consensualista y negociador que el que fue característico de Seregni. Como acabamos de señalar, también ha estado menos sujeto a la estructura partidaria del FA y más volcado a los espacios donde tiene las manos más libres(EP). Eventualmente ello podría ser un elemento positivo desde el punto de vista de una conveniente autonomía de acción del Gobierno frente al Partido, en particular para asegurar el distanciamiento respecto a sus disputas internas, así como en relación a las trabas y demoras en su proceso de decisio21
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La izquierda uruguaya y la hipótesis del gobierno : algunos desafıós polıt́ico-institucionales
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