cia, una sociedad fragmentada y vulnerable, se ve progresivamente molesta e insatisfecha ante gobiernos y actores políticos que, si bien deben legitimarse y relegitimarse localmente, se encuentran forzados a formular una parte significativa de sus decisiones en función de los intereses de actores internacionales. 11 C ONDICIONES ESTRUCTURALES II: La transformación del modelo sustitutivo en el caso uruguayo El modelo de sustitución de«importaciones» se encontraba fuertemente articulado en torno a políticas de concertación entre tres actores orientados a la producción de bienes no transables: el Estado, los trabajadores y los empresarios (específicamente aquellos orientados al mercado interno). Los exportadores de materias primas, financiaban este triángulo desde fuera, al obtener moneda extranjera para financiar la importación de tecnología y bienes de capital. En dicho modelo, el Estado era capaz de distribuir rentas entre sindicatos y empresarios a«bajo» costo, transfiriendo los incrementos salariales a precios y aislando a los productores locales de la competencia internacional mediante la utilización de barreras arancelarias y subsidios. El Estado, a su vez, intervenía directamente en la economía(mediante la propiedad y gestión de actividades y empresas estratégicas) y en la provisión de políticas sociales de corte universalista. 12 Este«triángulo» socioeconómico sobre el que se articulaba el modelo sustitutivo adquirió«tamaños» diferentes en distintos países. En otras palabras, el grado de inclusión social alcanzado por el modelo sustitutivo constituye una variable relevante(junto con factores institucionales) al momento de entender la transformación de dicho modelo y sus implicancias en términos de la configuración de matrices de expectativas, orientaciones ideológicas y la distribución de recursos institucionales capaces de afectar el proceso de formulación de políticas. En Uruguay, el triángulo articulado en torno al modelo sustitutivo fue comparativamente extenso. Esto supone la presencia de una constelación de actores sociales con capacidad organizacional y recursos institucionales significativos, al momento de defender dicho modelo ante los intentos reformistas. En dicho contexto, el FA ha actuado eficientemente como catalizador y articulador de una«coalición de veto», que ha operado bloqueando y amortiguando dichos intentos de reforma. En este proceso, el FA ha asumido la defensa de la matríz«batllista», lo que le ha permitido convocar y generar adhesiones más allá de los actores sociales específicamente organizados en función de la defensa del modelo sustitutivo. Esto ha sido posible en el marco de un clima de opinión pública en el que esa matríz«batllista», asociada a una fuerte intervención estatal y orientada hacia un modelo de país productivo, resulta prácticamente hegemónica como orientación ideológica y como sustrato dominante en el imaginario colectivo. En Uruguay, por tanto, todo intento de reforma supone altísimos costos electorales, los que a su vez se multiplican en un contexto de creciente competencia electoral. Dichos costos, junto con el alto grado de articulación de la coalición de veto y la disponibilidad de recursos institucionales funcionales al bloqueo de iniciativas en ese sentido, han moderado los propios intentos de reforma. Por esta razón y en buena medida«forzados» por la necesidad de adaptarse a un nuevo marco de competencia internacional, los sucesivos gobiernos han introducido reformas importantes principalmente en áreas de política caracterizadas por una configuración de intereses dispersa o de baja visibi11 La experiencia de gobierno del PT en Brasil es una instancia que ilustra claramente estos constreñimientos. 12 Como contraparte de sus evidentes virtudes en términos de inclusión social, el modelo introducía una alta presión inflacionaria, generaba problemas endémicos de balanza de pagos(ante la incapacidad de producir tecnología a nivel local) y reducía los incentivos para la innovación. En términos políticos, los altos grados de inclusión social se articulaban en función de redes horizontales y extendidas de mediación clientelar. 25
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La izquierda uruguaya y la hipótesis del gobierno : algunos desafıós polıt́ico-institucionales
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