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La izquierda uruguaya y la hipótesis del gobierno : algunos desafıós polıt́ico-institucionales
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tativas inconsistente respecto a las condiciones estructurales en las que el partido llegaría al gobierno. En otras palabras, es posible que un gobierno del FA deba enfrentar escenarios de gobernabilidad pautados por una fuerte tensión anómica a nivel social. A continuación, se presentará una breve modelización en torno a alguno de estos even­tuales escenarios. De modo particular, el FA se nutre hoy de al menos dos electorados con inte­reses contrapuestos y grados de organización di­ferentes. En términos sumamente esquemáticos, podríamos definir al electorado frenteamplista «duro» como aquel conformado por las corpora­ciones que buscan defender los componentes del modelo sustitutivo. Estos grupos tienden en ge­neral a alinearse contra los intentos reformistas que atentan contra el status quo y poseen capa­cidad organizacional para bloquearlos. Mientras tanto, su electorado«blando» estaría conformado por el sector informal, los desempleados, el sector que habita en los asentamientos de la periferia de Montevideo, el proletariado rural y algunos pequeños pro­ductores rurales, entre una vastedad incluso más amplia de franjas ciudadanas. Este grupo ve con esperanza un gobierno del FA, produc­to del descontento generado por las políticas impulsadas por los partidos tradicionales y la crítica a dichas políticas canalizada por la iz­quierda desde la oposición. Dada su falta de institucionalización organizacional(lo que con­lleva un alto riesgo de volatilidad electoral) y la propia dinámica de crecimiento que el FA ha desarrollado en estos sectores(replicando en muchos casos la táctica electoral de los parti­dos tradicionales), se corre el riesgo de con­frontar con estos sectores rápidamente, en au­sencia de transformaciones que avancen sus intereses de forma tangible. La distribución de«costos» y«beneficios» En el marco de las limitaciones estructurales dis­cutidas en las secciones anteriores, sin embar­go, un gobierno del FA deberá distribuir costos y beneficios de forma diferencial entre dichos elec­torados. No parece posible en el contexto ac­tual, generar beneficios sostenibles(en el corto y mediano plazo) y simultáneos para ambos gru­pos, especialmente en áreas que resultan cla­ves para el desarrollo social y económico del país. En otras palabras, para implementar políti­cas destinadas a reincluir a los excluidos(elec­torado blando), será necesario por ejemplo, in­troducir reformas en el aparato estatal. Dichas reformas afectarán los intereses de corto y me­diano plazo de una fracción significativa del elec­torado duro. En el mismo sentido, si se preten­de re–estructurar el gasto social para cubrir más eficientemente a la infancia carenciada, esto deberá ser financiado, por lo menos en lo inme­diato, a través de transferencias provenientes de otros sectores de gasto social. En este con­texto, cuestiones más simbólicas como el estilo de liderazgo, sólo son capaces de generar ad­hesión en el corto plazo. Es posible incluso que dado el altísimo nivel de endeudamiento externo del país y tal como ha sucedido con la experiencia brasileña recien­te, las primeras medidas del FA deban poster­gar los intereses de ambos grupos en favor de medidas destinadas a comprar la confianza de los mercados internacionales y a consolidar la estabilidad económica para utilizarla luego como pista de despegue de las reformas so­ciales más profundas. Por cierto que esto aña­de complejidad al escenario«interno» que aquí intentamos modelizar. También en el plano interno y más allá de las limitaciones existentes, un gobierno con voca­ción socialdemócrata podría intentar redefinir el rol del Estado, buscando generar un aparato estatal con fuerte capacidad de intervención estratégica sobre ciertas áreas del mercado y con capacidad de intervenir más efectivamen­te en políticas sociales. Se trataría entonces de un Estado capaz de solucionar las«fallas de mercado» generadas por el régimen capitalis­ta en que el país se encuentra inserto, creando a su vez bienes públicos, con capacidad de impactar sobre la calidad de vida de los indivi­duos, mediante procesos graduales pero firmes e incrementales de redistribución de la riqueza 29