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La izquierda uruguaya y la hipótesis del gobierno : algunos desafıós polıt́ico-institucionales
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y de captación de inversiones productivas. Si bien estas reformas –al menos en el mediano plazo– generarían beneficios para el electorado «blando», también afectarían en el corto plazo los intereses del electorado tradicional de la iz­quierda, el que cuenta a su vez, con un grado relativamente muy superior de desarrollo organizacional e influencia en la interna del FA. 14 ¿Qué opciones estratégicas se encuentran disponibles para enfrentar este dilema? En primer lugar, si el electorado duro prevale­ciera, el status quo se vería reforzado. Resulta evidente que reforzar el status quo, en las con­diciones actuales, supone un empeoramiento progresivo del bienestar agregado, en tanto el porcentaje relativo de población incluida en el triángulo sustitutivo decrece(o se mantiene estable) en el marco de crecientes restriccio­nes fiscales. En este caso, el FA podría optar por coptar de forma clientelar al electorado blan­do con el objetivo de conseguir legitimarse, al menos en el corto plazo. Un ciclo económico expansivo, colaboraría también con dicho pro­ceso de legitimación. Una alternativa radical de deslegitimación, consistiría en la explosión del sistema de partidos uruguayo. Si bien esta al­ternativa resulta improbable en un escenario como el uruguayo, una versión gradualista de deslegitimación podría operar, generando im­portantes implicanciaciones para la legitimidad del conjunto del sistema a mediano plazo. 15 En segundo lugar, para lograr que los intereses del electorado blando sean privilegiados, evitan­do una crisis de gobernabilidad(y eventuales frac­turas), el FA debería lograr un proceso exitoso de moderación y postergación de las demandas de sus bases tradicionales. Teóricamente, dada su relación privilegiada con estos sectores, el FA se encuentra en mejores condiciones que otros par­tidos para lograr dicha moderación de demandas. El triunfo de líneas moderadas en el último con­greso del PIT–CNT podría también actuar a favor de este proceso. 16 En ese caso, podría avanzar gradualmente hacia transformaciones sustanti­vas. De todos modos, dichas transformaciones requerirán de plazos largos. Por tanto, comple­mentariamente sería necesario«comprar tiem­po» mediante políticas que por ejemplo apunten a ampliar la participación social de los sectores del electorado blando, avanzando hacia su institucionalización organizacional. De lo contra­rio, también podría ser posible«comprar tiempo» recurriendo nuevamente a la coptación clientelar, aunque obviamente esto resulta inconsistente con el proceso de reforma en el marco de un gobier­no progresista. Por último, también sería posible trabajar esta contradicción reduciendo el nivel de expectati­vas que la sociedad posee respecto al futuro gobierno, aunque esto podría suponer el ries­go de reducir el crecimiento electoral. Para construir gobierno, que no es lo mismo que ganar la elección, las señales de cambios y de ejercicio efectivo de responsabilidad de gobier­no, como las que ofreció el PT en Brasil antes de los comicios de finales del 2002, resultan imperativas para una transición moderada y adecuada. La gobernabilidad también se con­quista desde los comportamientos desplegados durante la campaña electoral. 14 En definitiva, la transformación de las bases sociales del FA, introduce un dilema de hierro para una eventual acción de gobierno. Es claro que los dilemas son múltiples y que se producen a múltiples niveles(por ejemplo, la cuestión interna presenta desafíos similares y es posible plantear otros dilemas enfrentando a militantes vs. adherentes, cuadros técnicos vs. cuadros militantes, partido–fuerza política vs. gobierno, orgánica frenteamplista vs. estructuras flexibles introducidas a partir de alianzas electorales EP– NM, etc.). Por tanto y con fines analíticos aquí se recurre a una simplificación extrema. 15 Esta alternativa podría generarse a partir de la presencia predominante de electores que a pesar de votar al FA, lo hacen partiendo de visiones escépticas(aquellos electores que declaran votar al FA para«darle una oportunidad» o«para probar algo nuevo»). En este caso, la brecha entre oferta y demanda sería minimizado y con ello, también se desaceleraría(aunque prose­guiría) el proceso de deslegitimación. 16 De hecho, dirigentes del PIT–CNT han expresado recientemente la voluntad de cooperación de la Central respecto a un eventual gobierno del FA, proponiendo postergar sus demandas a favor de los sectores más carenciados de la población. No obstante, al mismo tiempo, dichos dirigentes han planteado como demanda fundamental del PIT–CNT ante un eventual gobierno progresista la reinstauración de instancias de negociación colectiva focalizadas en torno al nivel salarial. 30