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Apuntes y propuestas para una reforma parlamentaria en el Uruguay
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mación de la democracia resulta una tarea de primer orden, faena por otra parte inacabada e inacabable. En el reciente Informe del PNUD titulado«La Democracia en América Latina», entre otros datos extraordinariamente preocupantes, re­sulta imposible omitir la mención de algunos: «en el año 2003, vivían en la pobreza 225 mi­llones de latinoamericanos, es decir el 43,9%, de los cuales 100 millones eran indigentes (19,4%)»;«El 10% más rico de la población percibe 30 veces el ingreso del más pobre», lo que convierte a América Latina en el continen­te más desigual del planeta. Por su parte, en el citado informe también se mencionaba esta tendencia de opinión pública:«En 2002 el 57% de las ciudadanas y los ciudadanos de Améri­ca Latina prefería la democracia respecto a cualquier otro régimen. Sin embargo, de los que dicen preferir la democracia a otros regí­menes, un 48,1% prefiere el desarrollo econó­mico a la democracia y un 44,9% apoyaría un gobierno autoritario si éste resolviera los pro­blemas económicos de su país(PNUD Encues­ta, elaboración propia con base en Latinoba­rómetro 2002)». 5 Estos últimos registros y datos dan una pauta acabada de la preocupa­ción que, junto con el otro diagnóstico positivo que se registraba al comienzo de este aparta­do, también anotan motivos de preocupación sobre la realidad política de las democracias contemporáneas del continente. La reacción antipolítica y cómo afecta el funcionamiento institucional Desde hace ya bastante tiempo, los sistemas políticos latinoamericanos vienen asimismo enfrentando los embates de una cada vez más profunda«reacción antipolítica». Por cierto que no se trata de un fenómeno originario o priva­tivo de la región: procesos similares que se desarrollan en diversas partes del mundo le otorgan al mismo una cierta proyección uni­versal, en consonancia con la orientación cada vez más visible hacia la planetarización de las agendas y de los problemas. Sin embargo, para los latinoamericanos este proceso actual adquiere una significación muy particular y desafiante, al profundizarse precisamente lue­go de las grandes expectativas generadas tras la expansión democratizadora de décadas atrás. En efecto, las últimas dos décadas han resul­tado muy pródigas en contrastes en todo el continente: al tiempo que caían las dictaduras militares y se producían en varios países ex­periencias importantes en la perspectiva de una reinstitucionalización democrática, se agrava­ba una profunda crisis económica y social en la región, con consecuencias muchas veces devastadoras para los partidos gobernantes y aún para el funcionamiento de los sistemas partidarios y políticos en su conjunto. A ello se sumó un aceleramiento de vértigo en las trans­formaciones en la escena mundial, con efec­tos por lo general no directamente beneficio­sos para los intereses de los países del conti­nente. La refundación democrática en Améri­ca Latina se desplegaba así en un contexto nutrido de dificultades y desafíos. La explosión de expectativas que siempre acompaña a estas transiciones del autoritaris­mo a la democracia rápidamente desembocó en el desencanto y en el debilitamiento de la adhesión de los ciudadanos a los nuevos –y aún frágiles– marcos institucionales. El balan­ce sobre estos procesos –pese a admitir dife­rencias notorias según los casos– no resulta empero monocolor ni abona solamente los pro­nósticos agoreros. Sin embargo, en los últimos años se han multiplicado las señales preocu­pantes sobre la«salud» de varios sistemas políticos latinoamericanos. Repasemos, a tí­tulo de inventario indicativo y nada exhausti­vo, algunas de esas señales más visibles: as­cienden a cargos de gobierno o a posiciones de expectabilidad política ante la opinión pú­5 Cfr.«La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos». Buenos Aires, PNUD, 2004. 10