Advirtamos también que construir política hoy en el marco de sociedades en donde el Estado ya no puede lo que antes podía, implica evitar atajos perezosos, atajos simplistas. Aquí el tema, el gran tema, vuelve a ser qué Estado y qué instituciones públicas queremos y necesitamos, cómo construir una política que no sea «estadocéntrica», qué modelo de relación entre instituciones como el Parlamento y la sociedad civil resulta el más fecundo para renovar las vías de comunicación y representación, cómo se contribuye de la mejor manera a la construcción de espacios públicos no estatales, cómo terminamos con esa estatalización de lo público que tantas veces nos impidió pensar de manera más libre la política, sociedad y la cultura. El Parlamento como instrumento de fiscalización. Su aporte para una mayor transparencia para las democracias En las páginas anteriores se ha hecho hincapié en ciertos aspectos que pueden configurar un soporte(no el único pero sí uno indispensable) para profundizar la concreción de un mejor aporte de los Congresos para una mayor transparencia en la vida cívica y en la tramitación de los asuntos públicos en nuestras sociedades. Nuestra convicción apunta, como se ha señalado con insistencia, a la hipótesis general que un fortalecimiento reformista de los Parlamentos contribuiría de manera muy efectiva en esa dirección. Como se ha visto, la crisis contemporánea en las instituciones democráticas afecta muy especialmente a los organismos deliberativos y colegiados, con competencias básicas de representación popular. En el marco de la renovada vigencia de tendencias caudillistas y presidencialistas, la crisis de credibilidad de nuestros Parlamentos es uno de los símbolos fundamentales del distanciamiento y de la desconfianza crecientes de nuestras ciudadanías frente a la política y sus actores. El Parlamento es por definición el«hogar institucional» de los Partidos, el símbolo tal vez máximo del quehacer político. Aun admitiendo las profundas modificaciones en las matrices del quehacer político, la tensión tradicional entre eficacia sistémica y grado de representatividad no puede resolverse consintiendo el menoscabo de los Parlamentos, secundarizando el cumplimiento ajustado de sus funciones clásicas de representación, legislación y fiscalización. En el ejercicio efectivo de este último rol radica una de las claves institucionales de la solidez de los sistemas de resguardo de la transparencia en el ejercicio de la función pública de nuestras sociedades. Este fortalecimiento en la reforma de los Parlamentos contribuirá además a reforzar la defensa de la política en la región como camino válido para reconstruir«capital social», esa red de confiabilidad, asociatividad y valores cívicos que cimenta un desarrollo profundo y autosostenido. 17 La transparencia y la lucha efectiva contra la corrupción no sólo son fuentes de legitimidad; configuran claves indispensables para el crecimiento económico y para la integración social. La experiencia de la historia reciente del continente es pródiga en fundamentación abundante en este sentido. Y en este desafío, la índole decisiva de la anticipación y prevención como cualidades distintivas de una nueva legitimidad en el ejercicio de la función pública constituyen hoy más que nunca una exigencia primordial. Un Parlamento efectivamente reformado y a la altura de los tiempos que corren puede colaborar mucho en esa dirección. Entre otras cosas para reconfirmar en el seno de nuestras sociedades aquella vieja convicción cívica de que cuanto más democracia, menos corrupción. 17 Para un desarrollo más extenso del concepto de«capital social», ver los trabajos ya clásicos de Robert Putnam o de Bernardo Kliksberg, entre otros. 38
Druckschrift
Apuntes y propuestas para una reforma parlamentaria en el Uruguay
Entstehung
Einzelbild herunterladen
verfügbare Breiten