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Apuntes y propuestas para una reforma parlamentaria en el Uruguay
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blica figuras sin experiencia política anterior, aso­ciadas con frecuencia a mensajes mesiánicos o providencialistas; los partidos pierden arraigo y se ven cada vez más desafiados en sus clási­cas funciones de representación e interme­diación social y política; se desgastan los arbi­trajes electorales al tiempo que los nuevos go­bernantes buscan«saltearse» los caminos institucionales y entablar relaciones más direc­tas y«fluidas» con los ciudadanos; estos últi­mos manifiestan de manera creciente apatía y volatilidad en sus opiniones, aumentando el descrédito respecto al papel de las institucio­nes más tradicionales; las nuevas exigencias y demandas para la producción de políticas ge­nerales no encuentran respuestas adecuadas desde los partidos y el Estado; entre otros mu­chos fenómenos similares. La enumeración podría extenderse mucho más pero queremos detenernos en otro proceso que forma parte de ese inventario de señales políticas preocupantes y que tiene que ver di­rectamente con un asunto a nuestro juicio cen­tral que trataremos a continuación. Nos referi­mos a la crisis de confianza en las institucio­nes democráticas, con un especial impacto sobre los organismos no ejecutivos sino deli­berantes y colegiados, con competencias bá­sicas de representación popular. En ese mar­co, cabe destacar especialmente la situación difícil vivida por los Parlamentos, circunstan­cia en la que convergen fenómenos como la crisis de la representación, el sentimiento antipolítico y el abatimiento del sentido de lo público y de lo estatal en nuestras sociedades. Aunque cabe advertir desde ya que la profun­didad de los fenómenos señalados no es igual en toda América Latina y que también podrían reseñarse procesos de signo más auspicioso (México o algunos países de América Central, por ejemplo), esta«reacción antipolítica» pa­rece alcanzar una creciente popularidad en la opinión pública y aún en los círculos de las dirigencias políticas de varios países del conti­nente. Esto último surge con mucha nitidez observando con cierta atención las estrategias desplegadas por algunas de las figuras«exito­sas» de la política latinoamericana más actual: el«hacer política en contra de la política» co­mienza a ser un rasgo característico de ese nuevo tipo de políticos, algunos de ellos con trayectorias precedentes que relativizan un tanto la hondura de su novedad. En nuestra perspectiva de análisis, lo que evi­dencian todos estos procesos –entre otras co­sas– es un contexto de cambio y modificación profunda de la matriz tradicional del«hacer política», en cuyo centro se destacan los pro­blemas de la redefinición del espacio público, las nuevas dimensiones generales de la«pro­ductividad política» y, en particular, la especia­lidad del rol de los partidos políticos y de las instituciones democráticas. El estudio profun­do de estos temas(y del amplio espectro de cuestiones que cada uno de ellos involucra) amerita y aún exige abordajes de índole diver­sa: desde profundizaciones teóricas hasta in­vestigaciones de política comparada, pasan­do por indagatorias más generales(diseñadas por tema o por región) o por análisis de casos que contribuyan a identificar referencias más concretas para interpelar las problemáticas o alternativas globales a ser analizadas. En esa perspectiva, la renovada atención política y académica sobre los Parlamentos adquiere una significación particular. Opinión pública, ciudadanos e instituciones. Confiabilidad y transferencia de poder: algunos perfiles a partir de los datos del Latinobarómetro Como venimos señalando, otra variable a tener en cuenta es el de las mediciones de la opinión pública en torno a la confianza otorgada a dis­tintas instituciones de la esfera política y de la sociedad civil. En el contexto contemporáneo de nuestras sociedades de la desconfianza, de las ciudadanías del miedo, esta variable de la confiabilidad otorgada por la ciudadanía a las principales instituciones públicas y privadas se vuelve especialmente relevante. En la evolución que presentan las últimas me­diciones del Latinobarómetro abundan las 11