Congreso brasileño, aunque diferentes en sus características y alcances, convergen en una fuerte deslegitimación institucional que hiere la credibilidad de ambos sistemas políticos. En el caso paraguayo, luego de haber jugado un rol decisivo en la transición política luego del asesinato de entonces vicepresidente José María Argaña y la feroz represión de marzo de 1999, el Parlamento también perdió capacidad de incidencia y credibilidad, en paralelo con un proceso de fragmentación creciente de los grandes partidos paraguayos y con la situación de inestabilidad vivida a nivel de las principales autoridades del Poder Ejecutivo en los últimos años. Las exigencias emergentes y el nuevo rol de los parlamentos El error capital que debe evitarse en los estudios acerca del renovado rol que los Legislativos deben –a nuestro juicio– recobrar en Latinoamérica consiste en diseñar las nuevas relaciones sobre patrones previos al relegamiento cívico–teórico que sufrieron y en buena medida siguen sufriendo. Los Parlamentos reaparecen en el primer plano decisional pero sensibles a nuevas exigencias; sus funciones se redefinen y orientan con escasa analogía respecto de anteriores etapas de auge. En suma, la renovada vigencia de los Parlamentos debe fundarse en su reforma, no en su mera restauración. Las asambleas legislativas, en efecto, retoman la historia del cambio social inducido por el Estado en el punto en que la dejan(relativamente hablando) los ejecutivismos tecnocratizantes. La mera reinserción de aquellas corrige la dirección del proceso pero se capitalizan entonces muchos de los logros de esos períodos que, como hemos señalado, no podrían ser caracterizados como fracasos monolíticos. Registremos algunos elementos en esta dirección: a. Los Parlamentos no revocan sino que a menudo profundizan la matriz reformista de conducción económica(casos de Argentina, en que los decretos de necesidad y urgencia en la materia se convierten en leyes no menos tajantes o de Brasil, a partir de la consagración legal de las privatizaciones impulsadas por las administraciones que han encabezado Collor de Melo y Cardozo). Por su propia composición y mecanismos de adopción de resoluciones, empero, esos Parlamentos reformulan aquella matriz, la despersonalizan, la reordenan en claves menos ortodoxas, más proclives a la atención de las demandas ciudadanas y la convierten no en una serie de«actos del soberano» sino en un programa de interacción Estado– Sociedad. b. Como regla, por ejemplo, las decisiones presupuestarias y financieras de los Parlamentos adquieren entonces un inusitado cariz riguroso, austero, negociado. Se quiebran, en este sentido, muchos pronósticos rutinarios de incompetencia e irresponsabilidad de los Legislativos. Los ajustes, en la etapa actual, suelen procesarse en términos parlamentarios y legislativos, los presupuestos disminuyen los déficit, se aprueban recursos para solventar los endeudamientos externos e internos, etc. Lo mismo ocurre con las aperturas inteligentes y no irrestrictas de las economías y con los pactos de integración. Las asambleas parlamentarias no han tardado en aprobar los tratados básicos de ésta o los textos que desmontan los proteccionismos de viejo cuño. En ocasiones, los debates que ellas ambientaron han contribuido a la toma de conciencia de la actitud de una sociedad en relación a tales tópicos y a la afirmación persuasiva de políticas removedoras(con lo que se cubre un defecto corriente en las decisiones unilaterales de los Ejecutivos). c. Para cumplir funciones así redefinidas, los Parlamentos de la región se encuentran en una fase de mutación institucional que debe investigarse pormenorizadamente. Es preciso averiguar, por ejemplo, cuál ha pasado a ser la pauta de la articulación con los Ejecutivos, qué distribución se hace de las potestades de iniciativa, sanción y contralor. También debe 25
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Apuntes y propuestas para una reforma parlamentaria en el Uruguay
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