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Apuntes y propuestas para una reforma parlamentaria en el Uruguay
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cindible consensuar acuerdos de proyección regulatoria. Por su parte, los procesos de elaboración de la ley reconocen las distintas etapas clásicas en su trayectoria: fase inicial de preparación y presentación de proyectos y proposiciones de ley(la que está condicionada por las prescrip­ciones constitucionales en materia de la titula­ridad de la iniciativa legislativa, que puede ser según los casos exclusiva o compartida, ema­nada del Ejecutivo o Legislativo o proveniente de la adhesión de una franja del cuerpo elec­toral en los casos de habilitación de la iniciati­va popular); fase parlamentaria de tramitación y aprobación de la ley(referida a tópicos como las distintos modalidades de trámite, las for­mas de la deliberación en comisiones y plena­rios, la consideración en determinadas circuns­tancias de la exigencia de procedimientos es­peciales, formas de sanción y promulgación, previsión de vetos totales o parciales por par­te del Ejecutivo y nueva deliberación, etc.); fi­nalmente, la fase posparlamentaria de segui­miento y control. En lo que refiere a la forma y estructura de las leyes, un encuadre clásico del tema permite el señalamiento siguiente: parte no dispositiva(in­formaciones iniciales, parte expositiva, preám­bulo si correspondiera, disposiciones directivas); parte dispositiva de la ley(con sus distintos formatos de división, ordenamiento y titulación del articulado); parte final y anexos(que puede recoger disposiciones transitorias, sobre apli­cación y armonización, derogatorias, sobre condicionamientos de la entrada en vigencia). Por último, el proceso de entrada en vigor de la ley aprobada en el Parlamento refiere a temas como los de las modalidades de la sanción, promulgación y publicación de la norma. La nueva Técnica Legislativa, como ha sido dicho, busca enfatizar sus aportes en la idea de que todo acto legislativo(sea una ley o no) debe estar precedido de procesos muy afina­dos de negociación y construcción políticas. Ello supone que el Parlamento debe ser un terre­no institucional propicio para la deliberación respetuosa y tolerante entre los distintos parti­dos, debe estimular procesos de negociación que susciten reelaboraciones de las iniciativas presentadas, debe establecer puentes de vín­culo permanente entre los legisladores y los actores y grupos de interés de la sociedad ci­vil. La fragmentación de las sociedades con­temporáneas lleva incluso a que el Parlamen­to busque contactos no sólo con los actores organizados, sino también con esas amplias franjas de la población cuya mayor margina­lidad procede precisamente de su ausencia de organización. El«giro de época» y la«metamorfosis de la representación» 12 Vivimos un verdadero«giro de época» y las for­mas de hacer política en nuestros países no han dejado de ser afectadas de manera radi­cal. Por cierto que se trata de un fenómeno pro­pio de la globalización y sus múltiples transfor­maciones, que no ha dejado región ni latitud del planeta ajena a la profundidad de los cam­bios en curso. Pero precisamente el primer con­cepto que debería ponerse en discusión es el de globalización. Se trata de un concepto que ya se ha incorporado, a menudo de modo acrítico y perezoso a mi juicio, a nuestros dis­cursos y retóricas cotidianas y que con frecuen­cia es utilizado de modo algo equívoco o res­trictivo. A ese respecto y a los efectos de califi­car la mirada, sería incorporar la visión de algu­nos autores latinoamericanos que han estudia­do especialmente este tema y que desde dis­tintas perspectivas nos proponen ejes de dis­cusión y problematización en torno a esta cate­goría tan a la moda hoy. Por ejemplo Renato Ortiz, un estudioso brasileño sobre estos temas, plantea en muchos de sus trabajos la necesa­12 Para un desarrollo más extenso y particularizado de esta temática, cfr. Gerardo Caetano,«Distancias críticas entre ciudadanía e instituciones. Desafíos y transformaciones en las democracias de la América Latina Contemporánea.» Buenos Aires, CLACSO.(en prensa) 34