12 3. Breve repaso del modelo de relaciones laborales 1992-2004 3.1. Las reformas de los noventa Al igual que la mayoría de los países latinoamericanos, Uruguay experimentó a lo largo de la década de los noventa los efectos de las reformas estructurales promovidas por coaliciones políticas y sociales internas con el respaldo ideológico y material de los organismos financieros internacionales(Godio, 2004). Aun cuando se ha señalado la peculiar modalidad heterodoxa y gradualista del reformismo liberal en Uruguay—por contraposición a la profundidad y el ritmo que habrían caracterizado a los procesos de reforma, entre otros, en Argentina y Brasil—, el hecho es que la economía uruguaya experimentó un verdadero ajuste estructural que constituyó una segunda fase del operado en los setenta, en los tiempos de la dictadura cívico-militar (Moreira, 2001). En el año 2000, la economía estaba más abierta y más desregulada que en 1990. A su vez, la política de estabilización de precios con ancla cambiaria había apreciado la moneda nacional con relación a las de los socios comerciales extrarregionales. Los impactos de estos fenómenos sobre la estructura productiva y ocupacional del país fueron muy fuertes. Por efecto de la apertura, la desregulación y la apreciación cambiaria, buena parte de la industria manufacturera doméstica sucumbió frente a la competencia extranjera, y la competitividad externa de los transables uruguayos se deterioró. Al mismo tiempo, la actividad bancaria, el turismo y el comercio florecieron alimentando la imagen del país de servicios y el proyecto de plaza financiera con el que buena parte del elenco gobernante soñaba desde tiempo atrás. En un contexto pautado por la liquidez financiera internacional, con una tasa de interés moderada y un esquema de integración comercial regional con socios que también se embarcaron en procesos de apertura externa y estabilización con apreciación cambiaria, la economía ingresó en una fase de crecimiento que se sostuvo hasta fines de los noventa. Al mismo tiempo, el creciente desempleo generado por la caída de la actividad en el sector secundario no fue compensado por la creación de nuevos empleos en el sector terciario que se expandía, lo que provocó un aumento del desempleo. Este pasó de un promedio de poco menos de 10% en el quinquenio 1985-1989 a algo más de 15% en 2001. Asimismo, la pobreza, que se había reducido desde 1986, pasando de 46% a 15% en 1993, se estancó desde entonces en ese nivel. Así fue que en la segunda década de los noventa el crecimiento económico convivió con el alza del desempleo y la mantención del nivel de pobreza. Luego, la crisis desatada en 1999 llevaría el desempleo y la pobreza a niveles sorprendentes, del orden de 17% en 2002 y 31% en 2003, respectivamente.
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La política laboral de un proyecto socialdemócrata periférico : un análisis de los cambios institucionales en Uruguay 2005 - 2009
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