Introducción En los últimos veinte años la economía mundial ha experimentado un cambio estructural profundo: se ha avanzado rápidamente en la globalización, se ha intensificado el cambio tecnológico y han surgido nuevos competidores que rivalizan fuertemente ante las economías desarrolladas tradicionales. Los efectos de estos cambios son múltiples y aún no pueden observarse con toda claridad, pero es evidente que la estructura del mercado mundial ya no es la misma y que hay un redespliegue global de las ventajas comparativas y competitivas(Rosales, 2009). En este contexto, los episodios de las dos crisis sucesivas que se han producido más recientemente, la crisis financiera norteamericana de 2008 y la crisis europea de deuda soberana de 2011, al generarse en el centro de la economía mundial han puesto en cuestionamiento aspectos estructurales fundamentales del sistema capitalista, y más específicamente del sistema financiero internacional. En este sentido, las crisis recientes podrían, para algunos, poner fin a un“estilo de desarrollo”, no sin antes iniciar un profundo debate sobre aspectos trascendentes en el orden económico, político, social y ambiental. Es evidente que la desregulación de los sistemas financieros y la política monetaria expansiva, que caracterizaron a las dos décadas previas a las crisis, provocaron, entre otras cosas, una acelerada y sostenida reducción de las tasas de interés en las economías avanzadas. Este hecho jugó un rol central en el origen de lo que se ha dado en llamar la“Gran Recesión”. La expansión del crédito y el apetito por incrementar la rentabilidad, asumiendo los crecientes riesgos que tales políticas estimularon, terminaron desvinculando marcadamente la evolución de los mercados financieros del desenvolvimiento de la actividad económica real. Adicionalmente hay que agregar la prevalencia, tanto en el ámbito académico como en el de la praxis de la ciencia económica, de posturas ideológicas que fundamentaban la creencia ciega en la eficiencia intrínseca de los mercados financieros. Pero estas recientes crisis son la expresión de bastante más que un sistema regulatorio deficiente, una política monetaria expansiva y una crisis moral provocada por un exceso de ambición de quienes han gestionado las finanzas internacionales. Lo que se está cuestionando cada vez más es la creencia en un modelo de sociedad globalizada y fundamentada en la libertad y eficiencia automática de los mercados. Uno de los resultados probables de este cuestionamiento es la revalorización política y social del Estado como ente de mayor responsabilidad en la dirección de las estrategias de desarrollo de los países. Si esto termina en efecto sucediendo se presenciará, más pronto que tarde, la redefinición de muchas instituciones públicas fundamentales y una nueva interacción entre los gobiernos, los mercados y la sociedad en su conjunto. No en vano hay quienes están clamando por un nuevo contrato social (Kurtz y Brooks, 2008). En todo caso, es obvio que se está entrando en una“nueva normalidad”, donde destacan los siguientes elementos: desaceleración del crecimiento económico global, creciente importancia de las economías emergentes, atenuación de las corrientes de intercambio internacionales en un contexto de 1
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La gran recesión y la crisis europea : lecciones y dilemas de la política económica
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