mayores niveles de proteccionismo y reducción de los flujos crediticios (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2009). Conceptualización de las recientes crisis y sus efectos en las economías desarrolladas y emergentes A diferencia de los episodios anteriores, las últimas dos crisis han tenido un verdadero alcance mundial y han sido bastante más complejas de manejar debido a que muchas instituciones y los mercados financieros no son sólo más grandes sino que están interconectados como nunca antes. La crisis bancaria de 2008 en los Estados Unidos La nueva tecnología informática dio origen a sofisticados instrumentos para la diversificación y difusión de los riesgos, lo que hizo posible el desarrollo de instituciones financieras más concentradas, más complejas y estrechamente interconectadas. Además, se crearon las condiciones para un crecimiento exagerado de las instituciones financieras no bancarias, el denominado“sistema bancario a la sombra”. La respuestas iniciales en las economías más avanzadas, cuando la crisis comenzó en 2008, descansaron en políticas fiscales y monetarias de carácter esencialmente acomodaticio, dirigidas a evitar que la crisis bancaria se transformase, primero, en una crisis financiera, y luego, en una crisis de los mercados reales. Esto fue posible ya que al originarse la crisis en las economías desarrolladas, estas tenían amplia capacidad para adelantar medidas anticíclicas sin mayores consecuencias inmediatas sobre las tasas de interés, los tipos de cambio y los niveles de deuda pública. Esta respuesta de política inicial difirió de la manera como se actuó en las pasadas crisis, cuando la reacción típica era la puesta en práctica de políticas económicas contractivas. Los bancos centrales jugaron, en los inicios, un papel estelar y no convencional, al responder rápida y coordinadamente, suministrando enormes volúmenes de liquidez a los sistemas financieros locales e internacionales. La política monetaria fue relajada en casi todas las economías relevantes, desarrolladas y emergentes, haciendo descender, aún más, las tasas de interés a corto plazo llegando a niveles históricos. Los altos niveles de liquidez y las bajas tasas de interés hicieron posible no sólo que los bancos mantuvieran sus márgenes de intermediación, minimizando los efectos del alza en los costos de otras fuentes de financiamiento financiero, sino que evitó un colapso en los valores de los activos. Con ello y las simultáneas respuestas fiscales expansivas, se evitó que la crisis bancaria de 2008 y 2009 se tradujera en una crisis de deuda y deflación a escala mundial(Claessens, Pazarbasioglu, Laeven y Dobler, 2011). La crisis europea de deuda soberana La crisis en Europa que comenzó en 2011 es, en buena medida, consecuencia de la crisis financiera norteamericana desatada en 2008. 2
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La gran recesión y la crisis europea : lecciones y dilemas de la política económica
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