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La gran recesión y la crisis europea : lecciones y dilemas de la política económica
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Frente a las limitaciones para seguir influenciando las tasas de interés, se ha sugerido que los bancos centrales se concentren en mantener la tasa de crecimiento de la oferta monetaria y, por esta vía, tratar de influir sobre el nivel de gasto. Sin embargo, esta estrategia también ha perdido efectividad para influir sobre el gasto ya que la velocidad de circulación del dinero ha caído significativamente porque los agentes económicos, tanto consumidores como los bancos, han elevado sus tenencias de dinero absorbiendo los incrementos de la base monetaria. Esta es la situación descrita por los keynesianos como trampa de la liquidez, que hace totalmente inefectiva a la política monetaria y convierten a la deflación en una real amenaza para la economía. Sobre los objetivos y la eficacia de la política fiscal Ante la imposibilidad de utilizar la política monetaria como instrumento de estabilización, el centro de la atención ha retornado hacia la política fiscal. La discusión de esta materia incumbe tanto a los objetivos que deben ser perseguidos como a los instrumentos que pueden ser utilizados. La discusión de si debe o no utilizarse la política fiscal para estimular el gasto y cuales sus implicaciones a corto y largo plazo, remite al centro mismo del debate teórico y político. Las posiciones son las clásicas, entre quienes creen que la clave para salir de la recesión es la recuperación de la confianza, para lo cual hay que restablecer la disciplina fiscal, y aquellos que sostienen que el cambio en las expectativas sólo se logrará si se logra una expansión sostenida de la demanda agregada. Es evidente que la política fiscal anticíclica jugó un papel fundamental para impedir que la crisis financiera de 2008 se convirtiera en una depresión económica global. Esta política de ajuste alcanzó un alto grado de unanimidad tanto a nivel académico como en los hacedores de política económica. Sin embargo, es también de consenso la opinión de que tal política no puede ser mantenida en forma indefinida sin que se planteen serias dudas en relación a los problemas de sostenibilidad fiscal y sus negativos impactos sobre el crecimiento económico a mediano y largo plazo. Otros aspectos son bastante más controvertidos, tales como el tamaño de los multiplicadores del gasto y las vías más efectivas para estabilizar y hacer crecer el nivel de actividad económica. Así mismo, han venido rápidamente a colación los viejos problemas asociados con los efectos de desplazamiento del gasto privado, los característicos rezagos en la implementación de las políticas que terminan reduciendo la efectividad fiscal, así como los temas relacionados con la llamadaequivalencia ricardiana que anula los impactos de política por la anticipación de los efectos que hacen los agentes privados. Por último, aunque hay bastante unanimidad en cuanto a que los efectos inflacionarios de una política fiscal expansiva pueden ser bajos a corto plazo, dado los elevados niveles de capacidad ociosa y el desempleo, hay bastante disenso en lo que respecta a los efectos sobre los precios a mediano y largo plazo(Kiel Institute for the World Economy, 2009). Otro aspecto central en la discusión académica y política en esta coyuntura es la determinación de cuánto de la crisis, en cada país, se debe a problemas 8