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La gran recesión y la crisis europea : lecciones y dilemas de la política económica
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ejemplo el seguro al desempleo e incluso la propia seguridad social. Aumentar la significación de los estabilizadores automáticos haría menos necesarias las políticas fiscales discrecionales, se incrementaría la credibilidad y se reducirían los costos políticos de los ajustes. Finalmente, en la valoración positiva del rol de la política fiscal como instrumento de acción frente a la crisis hay que considerar las implicaciones que ésta puede tener con relación a la estabilidad política. Un aspecto nada menor, pero que no ha ocupado mucho espacio en el debate reciente. En efecto, la política de estímulo fiscal puede reducir significativamente los costos sociales que se derivan de una importante subutilización de los recursos disponibles (Fazzari, 2012). No debe perderse de vista que el temor a la inestabilidad política, más que la presión de grupos de interés específicos, es la razón predominante que incentiva a los gobiernos a aplicar programas expansivos durante las recesiones; el problema puede presentarse después, si no se reduce el gasto cuando la economía se recupera. Pero las recientes crisis también han enseñado que la calidad institucional, la cultura local y del liderazgo político son factores claves para reducir esta ineficiente rigidez del gasto(Voth, 2012). La política cambiaria: La revalorización de la flexibilidad Entre las lecciones que han quedado de estas crisis destaca que las economías con tipos de cambio flexibles son las menos propensas a sufrir distorsiones, mientras que aquellas que mantuvieron regímenes de tipo de cambio fijo han estado más expuestas a la aceleración inflacionaria, el desarrollo de burbujas especulativas y desequilibrios en sus cuentas corrientes. Sin embargo, esto no significa que sea deseable un retorno a las monedas nacionales en el caso de la Zona Euro. Una reversión aquí en el régimen cambiario produciría fuertes revalorizaciones en los países superavitarios y devaluaciones masivas en las economías más endeudadas, empeorando la situación fiscal y con escazas ganancias en materia de competitividad externa. Abandonar el euro generaría una dinámica tan desfavorable que terminaría cuestionándose el proceso mismo de integración, retrayendo a Europa a una situación probablemente peor que la que se tenía antes de iniciar el proceso de construcción de la comunidad. Otro aspecto es el relacionado a la pérdida de confianza en el dólar y el euro como monedas de reserva, hecho que de profundizarse tendría importantes consecuencias a largo plazo. En todo caso, las crisis recientes podrían estar acelerando el proceso de sustitución del sistema monetario de post-guerra, en un mundo donde dos tercios de las reservas internacionales están en mano de las economías emergentes. La debilidad del dólar como moneda de reserva tiene importantes implicaciones para los Estados Unidos: pérdidas de ganancias originadas en el derecho de señoreaje, reducción en la autonomía de su política macroeconómica y menor flexibilidad para lidiar con los problemas de balanza de pagos. 10