14 gastos orientados a mejorar la equidad en el empleo de la municipalidad 14 ; y los gastos presupuestales generales, que permiten que la comunidad como un todo acceda a bienes y servicios. Se seleccionó al distrito de Villa El Salvador, pues según las autoras, es un caso especial entre las diversas localidades del Perú, por el arraigo de su cultura organizativa y la fuerza que los grupos de mujeres. Por otra parte, se indica que se ha vivido la experiencia de formulación participativa de su Plan Integral de Desarrollo, y la puesta en marcha – relativamente reciente– del Presupuesto Participativo. Sin embargo,«la reducida disponibilidad de información sistematizada y confiable, así como las limitaciones del propio municipio para brindar ésta de manera realmente transparente, impiden llegar a resultados cuantitativos más finos y exhaustivos». La principal conclusión del estudio es que no se observa un enfoque de género en la concepción y diseño de las actividades financiadas con fondos municipales, ni tampoco en la distribución de los recursos, ni siquiera en lo que se refiere al presupuesto participativo. Finalmente, el estudio llevado adelante en México muestra que«el gasto etiquetado para mujeres ilustra claramente su carácter exiguo: en la propuesta de presupuesto para el 2002, el gasto etiquetado era equivalente a menos del 0.1 por ciento del gasto neto total. Más del 60 por ciento de estos recursos etiquetados corresponden directamente a programas de salud» 15 . Un enfoque institucional El Gendermainstreaming(GMS) surgió hace algunos años en las Conferencias Mundiales. Su propio nombre es de compleja traducción. Si bien se puede identificar con la llamada «trasversalización de la perspectiva de género» que deberán implementar las instituciones para obtener una mayor y más efectiva equidad, aparece con ciertos matices respecto a ella. Cabe señalar que GMS parece asumir diferentes significados, dependiendo del uso concreto que se hace de él. Es más, en algunos casos aparece como una herramienta, en otros como un concepto, y en otros como una estrategia. Así también resulta difuso su ámbito de aplicación. Si bien hay acuerdo en afirmar que el GMS se refiere a todos los aspectos institucionales, no es claro cuál es ese«todo» y cómo se implementa. En relación con la estrategia de la transversalización aparece una diferencia adicional: su origen, o la discusión sobre su origen. El GMS aparece vinculado a una cierta evaluación de las acciones y programas que se han emprendido para eliminar las discriminaciones de género y obtener mejores posiciones para las mujeres a través de programas específicos. Como señala Maria Rigat–Pflaum 16 , en la actualidad se discuten dos posiciones con relación al origen del GMS: una que pone énfasis en la debilidad de las políticas de promoción de las mujeres, y la otra que lo ve como parte de una evolución –que se da desde«una posición de acumulación de poder»– que asume que el análisis de género debe involucrar indefectiblemente a los dos géneros. La discusión no es baladí. Ante los magros resultados obtenidos, y un cierto desencanto frente su escaso impacto, algunos perfilan esta estrategia para ir más allá, interesando a muchos actores institucionales. El origen de la estrategia remite directamente al rol que debe jugar la llamada«área de la mujer» o de género, sus responsables y el movimiento de mujeres, en los procesos de implementación del GMS en las instituciones. Dicha implementación pone en cuestión la necesidad de la existencia misma de un área específica para las cuestiones de género, ya que siendo el género transversal, estaría en todos los ámbitos de las acciones institucionales. Así también pone en cuestión aquellas acciones que no incluyan a ambos géneros. En este sentido se puede generar un proceso paradojal. Si bien se trata de resguardar ambas perspectivas –para obtener el involucramiento y una buena inserción institucional de las acciones de género– puede derivar en la deslegitimación de las acciones positivas u otras en las que no estén presentes ambos géneros. Parece operarse con un criterio maximalista que puede poner en peligro los avances menores, pero imprescindibles, que se van logrando. El GMS apunta con mucho énfasis a la estructura y funcionamiento de una institución: desde su composición numérica(cantidad de mujeres y hombres), pasando por la forma de funcionamiento, y especialmente por los procesos de toma de decisiones. Así también refiere a las acciones, programas, proyectos, etc. que se ejecutan hacia fuera de la institución. Pero el punto central, ese cierto«plus» que haría la diferencia entre el GMS y la llamadao transversalización de género, estaría en los aspectos de estructura institucional, de asignaciones de recursos de la institución, en los procesos institucionales de toma de decisiones. Según Rigat–Pflaum, en la experiencia Argentina«es más sencillo implementar transversalidad de género en las políticas públicas,(...) que aplicar GMS en la propia estructura de una organización». Y agrega,«la experiencia de diseño de Planes de Igualdad de Oportunidades en el ámbito local demuestra que en una primera etapa ha resultado más fácil conseguir una definición política«top–down»(decisión política del más alto nivel) para implementar políticas públicas de género e involucrar en forma transversal a todas las áreas de una institución en este quehacer. Decisiva para este proceso ha sido la posición de las áreas de género en la estructura de gobierno y su capacidad de articulación y negociación» 17 . 14«En este caso, se analizó la situación laboral de hombres y mujeres al interior del municipio diferenciando por cargo, tipo de responsabilidades y nivel salarial, todo ello con el fin de establecer la equidad en el empleo en esta institución». 15 Helena Hofbauer. Op.cit. 16 Maria Rigat–Pflaum,«Sobre el concepto de Gendermainstreaming», FESUR. Buenos Aires, mayo 2004. Disponible en la web. 17 Op.cit.
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Montevideo construyendo equidad : una mirada de género desde los presupuestos
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