sidad y el pluralismo de medios a través de mecanismos de ayudas indirectas o subsidios explícitos y neutros, diferenciados de los gastos de publicidad oficial. La pauta estatal no debe ser considerada como un mecanismo de sostenimiento de los medios de comunicación. II.3. Buenas prácticas en materia de publicidad oficial La publicidad oficial forma parte de la política de comunicación de los organismos públicos. «Es un elemento más de la comunicación pública que sirve a los poderes públicos para intercambiar y compartir información con los ciudadanos»(Villanueva: 2009). Bien utilizada, contribuye a dotar de mayor transparencia al Estado, junto con las políticas de acceso a la información pública y las políticas anticorrupción. Constituye además una herramienta central para la difusión de las garantías que gozan los ciudadanos para ejercer sus derechos, a través de campañas de bien público, difusión de políticas vinculadas a los derechos económicos, sociales y culturales (DESC), la difusión de prestaciones sociales y servicios estatales. Obviamente en esta categoría también ingresa la difusión clásica de actos de gobierno, leyes, reglamentos, licitaciones, contratos, etcétera. En esta concepción, la publicidad oficial debe constituirse en un instrumento para garantizar el derecho a saber de las personas y para difundir información de alto interés público. Por ello, la publicidad oficial debe desvincularse de otras finalidades a las que puede servir, pero que constituyen un uso desviado de su finalidad: la publicidad oficial no es información política del gobierno; tampoco debería servir para difundir los logros del gobierno, ni para promover la figura de un funcionario electo o de confianza política. Al no existir reglas que impidan la utilización partidaria de la publicidad oficial, los gobiernos cuentan por un lado con una presencia destacada en los medios audiovisuales a través de su publicidad oficial, la que se potencia luego con el uso de los espacios que le corresponden al partido de gobierno en el marco de los espacios gratuitos de la campaña propiamente dicha. La publicidad oficial opera pues como un distorsionador del juego político a favor del oficialismo, a la vez que genera una relación clientelar con los medios de comunicación, debilitando su función en sociedad(Becerra, 2011). Todo esto haciendo abstracción en este trabajo sobre un eventual uso abusivo y lindante con la corrupción de la publicidad oficial, que no parece ser un problema actual en Uruguay, y que debería ser objeto de una investigación enfocada en políticas para prevenir la corrupción en la administración pública. Aquí se estudia la finalidad de la publicidad oficial vinculada a su papel en la comunicación del gobierno, en el marco de una sociedad democrática, como parte del sistema de garantías de la libertad de expresión, el pluralismo en los medios de comunicación y la independencia de los periodistas. Sin un marco conceptual ni normativo de referencia en Uruguay, conviene repasar algunos ejemplos salientes de la experiencia comparada. La Política Comunicacional del Gobierno de Canadá define el objetivo de la comunicación estatal y establece criterios de planificación y distribución de la pauta oficial. En efecto, la reglamentación establece que la comunicación estatal debe procurar«satisfacer las necesidades informativas de la población» e informar al público respetando«la libertad, el pluralismo, la seguridad, la sinceridad y el respeto» 1 . La reglamentación también dispone que las comunicaciones y campañas publicitarias deben planificarse en el marco del plan anual de 1 Communication Policy of the Government of Canada, 1 de agosto de 2006, disponible en, http://www.tbs-sct. gc.ca/pol/doc-eng.aspx?id=12316§ion=text#cha1. 11
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Ni premio ni castigo : inversión, mecanismos y procedimientos de asignación de la publicidad oficial en Uruguay ; estándares de protección de la libertad de expresión para una regulación democrática de este recurso estatal
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