8. Desafíos y perspectivas Las experiencias consideradas en este trabajo nos proporcionan respuesta diferenciada a la indagación que motivó el análisis: cómo es la actuación de las organizaciones sindicales en América Latina que cuentan con políticas de género más consolidadas. Si por un lado podríamos decir que todas ellas adoptan una política de género, por otro lado es necesario matizar esta conclusión, ya que hay discrepancias importantes. En algunos casos lo apropiado sería afirmar que hay elementos de una política de género, tomando como referencia lo que definimos como política de género en el comienzo del texto. Expresado de otra manera, hay luces y sombras en ese panorama. Se ha avanzado bastante en mejorar el desempeño de las organizaciones sindicales en cuanto a la inclusión de las mujeres y la consideración de que los procesos sociales deban ser analizados según las diferencias de género que influyen en su origen y formas de manifestación. Sin embargo, persisten prácticas intolerables si consideramos que se trata de organizaciones innovadoras, conocidas por romper parámetros conservadores, que tienen un discurso y un proyecto sindical modernos, abiertas a nuevos desafíos y temas. El protagonismo de las mujeres trabajadoras en general y de las sindicalistas en particular Sin duda son las trabajadoras y sindicalistas las responsables principales de los cambios que vivió/vive el sindicalismo en las últimas décadas en cuanto a la redefinición del lugar de las mujeres y la introducción de una visión crítica de las relaciones entre hombres y mujeres: A través de su actuación como colectivo en las organizaciones sindicales han contribuido para ampliar la representatividad y los horizontes del sindicalismo. Aportan a la visibilidad de las trabajadoras dentro de las organizaciones sindicales, trayendo a la luz su realidad laboral, sus problemas y sus reivindicaciones. Fueron(son) artífices de una mirada innovadora sobre la vida y los problemas de la 47
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