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Sindicalismo latinoamericano y política de género
Entstehung
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clase trabajadora, al introducir ese criterio de análisis que es la perspectiva de género. Aportan a la definición de las políticas sindicales y de las prácticas de organiza­ción y movilización de las organizaciones, contribuyendo para innovarlas a partir de la reflexión teórica y de su experiencia de género. Han extendido conceptualmente el alcance del sindicalismo al reunir los conceptos de género y clase como elementos indisocia­bles del proyecto sindical. En ese sentido, se han rebelado contra dogmas de la iz­quierda: que la clase sería suficiente para explicar toda la condición trabajadora, que la lucha contra la opresión de las mujeres sería secundaria y subordinada a la libera­ción de la clase, que la explotación de las mujeres se disolvería automáticamente con la superación de la explotación económica. (Esas formulaciones estarán ya distantes de las nuevas generaciones de sindicalis­tas, pero estuvieron muy presentes en las experiencias iniciales de organización de las trabajadoras en la época contemporá­nea. Y, a pesar del paso del tiempo y de los cambios en el pensamiento de la izquierda, todavía son escuchadas nostálgicamente aquí y allá como forma de restar importan­cia a la actuación sindical de las mujeres.) Han forzado al sindicalismo(en un proce­so todavía inconcluso) a incorporar a las mujeres como sujetos. Las experiencias que protagonizan apor­tan a los cambios de visión de muchos sindicalistas, que pasan a comprometerse con el objetivo de transformar el sindica­lismo en un espacio real de igualdad de género. El compromiso de las organizaciones sindicales con esa nueva exigencia Como se ha dicho, el cuadro es dispar entre las organizaciones consideradas. Y es tam­bién diferenciado si miramos a cada una des­de dentro. 48 La experiencia de la cut es la más consolida­da por su tiempo de existencia y las caracte­rísticas que la definen. Podría ser una trayec­toria larga pero poco innovadora, pero no es el caso, sino todo el contrario. Fue novedosa en su origen y sigue siéndolo en su actuar; es consistente, basada en reflexiones teóricas y visión estratégica. Pero no está exenta de con­tradicciones. Lo demuestra la necesidad de que las mujeres sigan peleando por garantizar el respeto pleno a la política de cuotas y por ampliarla a ámbitos todavía no cubiertos. La cta representa un aire fresco en el sindi­calismo argentino. Si bien las sindicalistas de la cgt tienen un alto nivel de organización, fue en la cta que las mujeres trajeron a co­lación el tema primordial de su presencia en los organismos decisorios, al anticiparse con la propuesta de cuotas y exigir su cumplimien­to por la central. Pero la incorporación de las propuestas de género a la pauta sindical de manera más integrada es un proceso aún in­cipiente. La unt , si bien presenta varias resoluciones relativas a la igualdad de género, manifiesta franca contradicción cuando viola su delibe­ración sobre la cuota de manera tan contun­dente. La ccscs tiene una trayectoria compleja. Los logros no esconden debilidades estructurales en la instalación de una política de género. El hecho de ser una articulación de centrales na­cionales y no una confederación muy proba­blemente juegue un rol importante para que ciertas definiciones y compromisos queden flojos. La csa tiene una propuesta programática que debería ser referencia para sus afiliadas, y has­ta ahora un procedimiento riguroso en cuanto a la exigencia de participación igualitaria de hombres y mujeres. Pero es una organización muy reciente, por lo cual es prematuro sacar conclusiones. Con relación a la superación de la exclusión de las mujeres y el establecimiento de una